El Salón de Reinos de Felipe IV: el rey planeta

Desvelamos los secretos del Salón de Reinos de Felipe IV gracias a este artículo, fruto de una concienzuda y exahustiva investigación de sus autores en su día, secretos ocultos no tanto por el paso del tiempo, como por la tergiversación, ignorancia y desgana hacia nuestra historia tan propios, por desgracia, de la mayoría de los españoles, sobre todo de sus autoridades de casi todos los tiempos.

La significación e importancia de este descnocido trabajo es que deja palmariamente en evidencia la hipótesis defendida desde siempre por “insignes” hispanistas británicos, al demostrar que su visión del Salón de Reinos es absolutamente errónea. No se lo pierdan y divúlguenlo.

La tierra quieta.

Un palacio donde gira al sol:

el Salón de Reinos

¡Oh, tú, temprano sol que en oriente

de tus primeros años has nacido

coronado de luz respalndeciente,

salve! (a Felipe IV. Calderón de la Barca)

El Museo del Prado ha organizado, de julio a noviembre de 2005, la exposición “El Palacio del Rey Planeta” intentando recrear el ambiente del Salón de Reinos del palacio del Buen Retiro, tal y como fue disfrutado por la corte de Felipe IV.

¿Por qué una exposición que se monta con grandes medios económicos y apoyos institucionales, no tiene en cuenta cuál fue el contexto histórico de la idea? Observo que se han infravalorado la mayor parte de los mensajes concebidos por el Rey, el valido y el pintor de cámara, pues al presentar una atención prioritaria a las pinturas, sin tener en cuenta la subordinación de estas al programa político de exaltación monárquica para el que fueron pintadas, se desvirtúa el mensaje al pasar por alto otros aspectos esenciales, cuya consideración es necesaria para la comprensión de los últimos años de la grandeza de la monarquía hispánica y del Salón de Reinos.

Felipe IV

En el año 1600, Roma quema en la hoguera a Giordano Bruno por defender la teoría heliocéntrica (Aristarco de Samos III a. C.). Galileo Galilei es obligado a retractarse del “mismo error” en 1606 y en 1632 (año en el que se abre el palacio del Buen Retiro). En la corte de Madrid se acata, sin discusión, la teoría geocéntrica. Según la misma, todos los planetas giran alrededor de la Tierra: Luna, Venus, Mercurio, Sol, Marte, Júpiter… por tanto, el IV planeta es el Sol; si tenemos, además, en cuenta que la divisa del soberano es “illuminat et fovet”. Felipe IV es, sobre todo, el Rey sol para la Corte. La decadencia política, las derrotas militares y las desgracias familiares harían que esa identificación no perdurara para la Historia, pero en el momento de idear el palacio y su salón del trono, el ambiente es de juventud, optimismo, éxito y amor.

Palacio del Buen Retiro

El centro del universo está constituido por la Tierra, alrededor de la cual giran astros y uno de ellos, el astro rey, ilumina y calienta los territorios que constituyen la monarquía hispánica. Los diferentes reinos están representados en el salón del trono por su escudo heráldico, que en el siglo XVII es la máxima expresión de su honor y singularidad. Aparecen colocados en la parte superior del salón y sobre una guirnalda de hojas de roble: total 24. Esta ubicación va a condicionar el número de balcones y ventanas y por lo tanto el diseño del salón del trono. Su localización, por encima de los retratos reales, señala el alto valor representativo que se les otorga. Tampoco su disposición está realizada al azar: en un extremo del salón se encuentran los escudos de los dos reinos que iniciaron la unidad peninsular, Castilla-León y Aragón, y en el otro extremo los que corresponden a los dos últimos reinos en incorporarse a la Corona, Navarra y Portugal. Las otras dos paredes laterales tienen diez juegos cada una.

Parte que queda del palacio del Buen Retiro, en la cual se sitúa el Salón de Reinos

De este modo, al situar cuatro de los reinos peninsulares en cada uno de los extremos del salón: oriente y poniente, se consigue el efecto que el Sol, en su movimiento siempre “ilumina y calienta” posesiones del Rey católico, en donde nunca se pone el Sol. Como decía más arriba, son los escudos los que van a condicionar la disposición del edificio, también ellos van a determinar la colocación del trono y la entrada principal. Es lógico que con el papel que desempeña el movimiento del Sol en la construcción del palacio, el inicio del imperio español (unión de Castilla-León y Aragón) se identifique con el comienzo, en la península, del recorrido solar: el este, y que su culminación (incorporación de Navarra y Portugal) se encuentre al final de ese recorrido: el oeste. La colocación del trono en el oeste del Salón de Reinos es coherente, además, con otros imperativos como son: la colocación de las pinturas del inventario de 1703, la etiqueta y la comodidad de los monarcas, si se tiene en cuenta la ubicación del Salón de Consejos y sus habitaciones privadas.

Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV

El mensaje que se transmite con el Sol (identificado con el soberano) y su movimiento sobre los escudos de los reinos (identificados con el imperio español se complementa con el mensaje político que transmiten las pinturas. Estas componen tres bloques:

* Las 12 pinturas de batallas, encargadas a los mejores pintores residentes en la Corte, que representan la victorias de los Tercios y las Escuadras acontecidas en los primeros años del reinado de Felipe IV.

* Las 10 pinturas de Zurbarán, que representan los trabajos de Hércules (figura mitológica que la tradición identifica con el príncipe reinante en España).

* Los 5 retratos reales de Velázquez, que representan a los padres del rey, flanqueando el trono, y a los monarcas reinantes y su heredero a la entrada del Salón.

Elías Tormo fue quien, en 1911, localizó el Salón de Reinos, dentro del entonces Museo de Artillería, e identificó los cuadros que formaban parte de la colección. Para ello se basó en dos fuentes fundamentales: la Silva topográfica del escritor portugués Manuel Gallegos escrita en 1637, y el inventario de las pinturas del palacio realizado en 1703.

El Salón de Reinos cuando era Museo de Artillería; el magnífico “labrado” del techo es de Velázquez

La relación de este último comienza con los retratos ecuestres de Felipe III y Margarita de Austria los cuales se situaban a ambos lados del trono o “Dosel rico” como se le dio en llamar dada su propia decoración hecha, entre otros materiales, de perlas –aljófar–. El trono está ubicado en el muro oeste (Tormo lo coloca en el muro este). Las pinturas bélicas y mitológicas se alternan en la pared norte hasta el muro de entrada al salón, este, donde se ubicaban los retratos de Felipe IV, el príncipe de Asturias e Isabel de Borbón, para continuar alternando en la pared sus sur los cuadros de batallas y los mitológicos de Zurbarán.

Así pues, en los muros norte y sur estaban colocadas las batallas situadas entre los balcones. El inventario vuelve a ser imprescindible a la hora de analizar la colocación de las pinturas. Si bien algunas de ellas fueron identificadas más tarde y por Elías Tormo y Mª Luisa Caturla, un análisis detenido de los cuatros, nos lleva a plantear una ordenación de las mismas: en el muro norte, Velázquez los pintores más próximos a él, Francisco de Zurbarán, fray Juan Bautista Maino, Jusepe Leonardo y Antonio de Pereda; en el muro sur, Vicente Carducho y Eugenio Cajés, ambos pintores del rey y amigos entre sí, así como el discípulo preferido del primero Félix Castelo. Se podría decir que se trata de una ordenación por tendencias, escuelas o amistades entre los pintores. La colocación de los cuatros también seguía un criterio lógico. En el muro norte, según se accedía al recinto, la relación comenzaba con La defensa de Cádiz de Zurbarán; a continuación La recuperación de la Bahía de Todos los Santos de Maíno, estratégicamente dispuesto al colocar al visitante delante del verdadero inspirador de todo el palacio, el Conde-Duque de Olivares, quien aparece coronando al monarca en el interior de un tapiz; tras ellos, La rendición de Juliers de Leonardo y La rendición de Breda de Velázquez, que habían tenido por protagonistas al Marqués de Spínola, a Mauricio y a Justino Nassau. La penúltima batalla era El socorro de Génova de Antonio de Pereda; por último, el cuadro de Leonardo, El socorro de Brisach. En el muro sur, ocupaban los tres tramos del centro los cuadros de Carducho: La victoria de Fleurus; El socorro de la plaza de Constanza, y La expugnación de Rheinfelden. Los tres flanqueados por los de Cajés: La expulsión de los holandeses de la isla de San Martín por el Marqués de Cadereita, hoy perdido y ubicado junto a la puerta de entrada, y La recuperación de San Juan de Puerto Rico; por último, Félix Castelo y su Recuperación de la isla de San Cristóbal.

La victoria de Fleurus

En cuanto a la composición de cada una de las pinturas, también hay diferencias de tratamiento aunque, sin duda, todos los cuadros responden a un mismo patrón. Los pintores representaron a los protagonistas en un primer plano, dado que eran personajes conocidos y contemporáneos, dejando el desarrollo de las batallas al fondo. Sin embargo, hay diferencias. Remontándonos al Siglo de Oro, había dos maneras de contar una historia, la primera, más popular, la dibujaban los ciegos que iban de pueblo en pueblo narrando los sucesos dibujados en un cartel, en forma de viñetas; la segunda era el teatro, el cual, además, fue uno de los actos que más fama dio al palacio del Buen Retiro. En los cuadros de Carducho y de los más próximos a su escuela, se diría que nos encontramos ante el ciego que se extrapola en el General que muestra el desarrollo de su hazaña; dando lugar a lo que Pérez Sánchez define, al referirse a dicho pintor, como “una teatralidad efectista y ya anticuada”.

La rendición de Breda o cuadro de “las lanzas”

Por el contrario, en el muro norte se representa momentos de mayor intensidad dramática como la rendición de Breda. Un primer plano concebido a modo de escenario, mientras que el campo de batalla es un telón; hay alguna modificación en el caso de los cuadros de Leonardo cuyas composiciones se sitúan en un punto intermedio entre ambos grupos, pero tan sabiamente tratadas que, tras el cuadro de Velázquez, son los mejores de todo el conjunto. Maíno constituye un apartado especial, quizá por su condición religiosa, hace protagonista al pueblo herido dejando en un segundo plano la exaltación del monarca y su valido.

Los grandes cuadros de batallas alternaban con los Trabajos o fuerzas de Hércules de Francisco de Zurbarán. Situados entre los balcones y ventanas de los muros norte y sur, hacen alusión al origen mítico de la monarquía hispánica. Remataba el conjunto los escudos de los distintos reinos, debidos al dorador Pedro Martín de Ledesma, según señaló Mª Luisa Caturla. Esta decoración de la bóveda rodeaban los balcones de la fila superior y llegaba a tocar las esquinas de los cuadros de batallas, produciendo un efecto de colorido deslumbrante cuyo propósito era convencer al visitante de la importancia del lugar.

En definitiva, la grandeza de la monarquía hispánica en su pasado, presente y futuro aparece como síntesis resultante de la gloria militar y naval del imperio español y de la virtud del Príncipe reinante, cuya luz ilumina y calienta a todos los reinos que la forman. Una recuperación del Salón de Reinos debe hacerse siguiendo las pautas que tenían aquellos que lo idearon. No imponiendo criterios actuales que daría lugar a un “pastiche” sin justificación cultural alguna.

Príncipe Baltasar Carlos, con banda de General (su muerte con 17 años trastornó a Felipe IV)

Es de todo punto sorprendente que no se valore la localización de los escudos de los reinos (que además son los que dan nombre al Salón); el papel protagónico del Rey en su identificación solar, y que no se resalta el carácter militar de la monarquía de los Austrias. Tanto los reyes como el Príncipe de Asturias, llevar la banda carmesí y la bengala, atributos de General, y además los reyes llevan también armadura. En las pinturas lo mitológico se une a lo bélico y en las batallas se observa, además de su intención iconográfica que las diferentes escenas dan una sensación de totalidad. En definitiva, los mensajes que se superponen y se complementan para formar una unidad

Existe otro aspecto, en este ejercicio de arqueología palaciega, que desvirtúa la reconstrucción del Salón. Me refiero a la balconadas interior del Salón de Reinos que Brown y Elliott describen basándose en el relato de un comerciante inglés, Robert Bargrave, que visita el palacio en el invierno de 1654-1655. Según estos prestigiosos hispanistas, la balconadas permitía la celebración de obras teatrales, dándole así a la pieza una doble utilización: salón del trono por el día y corral de comedias por la noche, algo similar a Belle de Jour.

El salón según Brown y Elliot: al incluir la balconada, desaparecen los escudos que dan nombre al salón, y bajan los cuadros, quedando a una altura que disminuye su grandeza y la magnificiencia del salón

Existen varias razones que contradicen su teoría, alguna de las cuales expuse en 1998 (D. Camacho y C. Montilla “El Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro” Revista Ejército, noviembre, 1998), otras han surgido más tarde. No es plausible que el salón del trono sea utilizado como teatro, cuando sabemos de la existencia de una estancia ad hoc a pocos metros: “los reyes se entretienen en el Buen Retiro oyendo las comedias en el coliseo”, tampoco era el palacio del Buen Retiro una construcción que tuviera falta de espacio, por lo que esa doble utilización está en contra de la etiqueta y el protocolo de la Casa de Borgoña, que era el protocolo de la corte en el siglo XVII, sobre todo si se tiene en cuenta el comportamiento de la época en esas representaciones: “(…) en la cazuela de las mujeres (…) arañándose unas (…) han echado entre ellas ratones en cajas (…) las damas se entretenían tirando huevos plateados llenos de agua de color…”. El salón del trono no se presta a la frivolidad y menos en la dinastía que comentamos.

El salón según Camacho y Doval: sin balconada, con los escudos en su lugar y los cuadros a la altura necesaria para realzarlos y contemplarlos en toda su grandeza

La existencia de una balconada interior, hubiera reducido el Salón de Reinos en lugar de engrandecerlo y la circulación de personas no hubiera sido posible a causa de la etiqueta (cubiertos ante el Rey solo los Grandes de España y por encima de él, nadie). También hay que tener en cuenta, que los cuadros de Zurbarán no cabrían en el espacio existente entre balcones y ventanas, si se añade una balconada interna, y que “los reyes estaban en la eminencia de las puertas”, es decir, sobre las puertas y no junto a ellas como les colocan Brown y Elliot, para poder poner su balconada. Resumiendo, el programa decorativo del Salón del Reino se basaba en un “horror vacui”, donde había poco espacio para otros objetos que no fueran los cuatros, los escudos, las mesas de jaspe y los leones de plata; y en el que los reyes eran las figuras más relevantes; de ahí que los tronos se coloquen sobre unas gradas y debajo de un dosel. Es impensable la permanencia de los súbditos por encima de los soberanos.

Recosntrucción virtual del todo errónea del Salón de Reinos muy extendida en Internet, pues situa la inexistente balconada, que, como afirman los autores del artículo, no dejaría ver los escudos y desmerecería la grandiosidad de las enormes pinturas ¿Se encargará por fin alguien de corregir tal desatino?

Viajeros por España, en el siglo XVII destacan Antonio Ponz, y A. Conca; por este último, se conoce que fue Galileo Galilei quien aconsejó a Tacca, cómo debía resolver la dificultad técnica de la estatua ecuestre de Felipe IV en corveta, y como el coliseo del palacio se comunicaba con el parque del Retiro por un segundo telón que permitía la representación de escenas pastoriles, fuegos de artificio e incluso batallas, dando al escenario una profundidad inusitada; en el siglo XIX: Mesonero Romanos y Nicolás de la Cruz y Bahamonde, conde de Maule, quien describe con detalle el Salón de Reinos, que en la época que los visitó, hacia 1812, se llamaba Sala de Cortes al encontrarse entonces el Salón del Trono en el palacio de Oriente, no menciona ninguna balconadas interior en dicho espacio, aunque más adelante al hablar del teatro de palacio (coliseo) dice textualmente: “la platea es de bastante extensión, circuncida de cinco órdenes de palcos, con su balaustrada, dorados”. No es lógico que describa con todo detalle las balaustradas de un teatro, cuya existencia es normal, para pasar por alto “otra” en el antiguo Salón de Trono, cuya construcción hubiera sido completamente novedosa. Finalmente en el siglo XX: Elías Tormo, Marañón y Bernardino Pantorba, todos conocedores del arte, reseñan meticulosamente el palacio del Buen Retiro y sus testimonios además de coincidir entre sí, coinciden también con las principales fuentes del siglo XVII que poseemos: Manuel Gallegos y J. Pellicer. Testimonios que además, están en consonancia con la costumbre en la construcción de palacios y la etiqueta borgoñona.

Bandera Rgmto. Infantería del Rey (1642)

En resumen, el número de razones históricas, técnicas y testimoniales son muy numerosas y cualitativamente más fiables que el relato de un comerciante inglés; que por otra parte situó al trono en el este, mientras que Brown y Ellior lo colocan correctamente en el oeste. Lo que da idea de su falta de precisión.

Bandera Real Tercio-Coronelía del Rey (1634)

El 10 septiembre de 1634, Felipe IV crea en la Guardia Real el Tercio-Coronelía del Rey; por los privilegios que se le otorgan se convertirá en el primero de todos. El soberano como muestra de su satisfacción por el palacio concede el mando al valido, principal artífice en la construcción del palacio del Buen Retiro aunque nunca pisara un campo de batalla. La bandera de este Tercio será la primera en ser reglamentada en España por una Real Orden (1642).

Finalmente, consideramos que la recuperación del Salón del Reinos es un proyecto bastante caro y sin valor cultural, pues entre otras consideraciones se trocearía la colección de Velázquez de El Prado y se expondría estas obras maestras a una altura que impediría su contemplación. A no ser, que construyendo la balconada interna se bajen los cuadros y se construyó un Salón de Reinos que nunca existió.

Diego Camacho López-Escobar (Col. Infantería) y Mª del Mar Doval Trueba (Dr.ª Historia Arte)

Revista Ejército. Nº 777. Dic. 2005

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TORMO. E. “Velázquez, el Salón de Reinos del Buen Retiro, y el Poeta del Palacio y Pintor”, Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, 1911-1912, XIX y XX.
Para TORMO, ver supra. CARTULA, Mª Luisa. “Cartas de pago de los doce cuadrosde batallas para el Salón de Reinos del Buen Retiro”, Archivo Español de Arte, 1960, nº33,p. 87.
PÉREZ SÁNCHEZ, A. E. Pintura Barroca de España (1600-1750), Madrid, 1992, p. 87.
BROWN, J.; ELLIOT, J. “Un palacio para el Rey”. Revista de Occidente. Alianza Editorial. 1981.
PELLICER, J. “Avisos históricos Semanario Erudito”. 1640
GALLEGOS, Manuel. Silva Topográfica, 1637.
PONZ, Antonio. Viaje por España. Tomo VI. 1793.
CONCA, A. Descripciones de España. Tomo I (págs. 85-93). 1793-1797.
MESONERO ROMANOS. El antiguo Madrid, 1861.
DE LA CRUZ Y BAHAMONDE, Nicolás (conde de Maule). Viaje de España, Francia e Italia. Tomo X. Libro XIX. Capítulo IV. Cádiz (imprenta Manuel Boshc), 1812.
MARAÑÓN, Gregorio. El Conde Duque de Olivares. Espasa-Calpe, 1940.
PANTORBA, Bernardino. La vida y obra de Velázquez, 1955
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